Muertos de Risa: Una Violenta Bofetada
Por Pablo Guerrero
El director de cine más importante de España se llama Alex de la Iglesia. Así es, aunque sin duda hay otros muy buenos, no existe otra filmografía que tenga un estilo tan reconocible y original como el de este sujeto, que imprime a cada una de sus obras la fórmula que lo ha llevado a ser exitoso incluso en el circuito comercial, con su película Crimen Ferpecto –la más mala de todas, en mi opinión. Dicha Fórmula está compuesta por elementos extraídos del mundo del comic, personajes bizarros (Siameses, un cura que busca al anticristo, un Brujo que fagocita adolescentes en público, el mejor vendedor de una multitienda, etc), Ciencia Ficción precaria –al estilo de las primeras películas de Lukas- y, por supuesto: Mucha Violencia.
En la película Muertos de Risa, De la Iglesia, simplifica la fórmula antes descrita y prácticamente la deja al descubierto. Bruno y Nino (Santiago Segura y El Gran Guayomin) son dos tipos que llevan vidas miserables, el primero canta covers de Nino Bravo (muy mal, por cierto) en una cantina y Bruno es cesante. Ambos personajes se conocen y deciden armar una dupla humorística, en la cual Nino contará los chistes, mientras Bruno le da continuidad a la rutina. En la primera presentación, en un teatro de mala muerte, Nino, muy nervioso, no logra contar chistes, se bloquea…es entonces cuando Bruno, como para despertarlo, le da una bofetada. El público comienza a reírse y Bruno le da una y otra vez.
Este es uno de los elementos que ha llevado al estrellato a este obeso director: el uso de la violencia como un absurdo, una exageración. En el caso de Muertos de Risa, mostrar la génesis del chiste, de la cachetada del payaso, de reírse a costa del sufrimiento ajeno o de los infortunios de figuras intocables de la sociedad. Todos los Shows de Nino y Bruno son la bofetada, solo cambian los disfraces.
Los fanáticos hacen filas para abofetearlo, los conductores de los talk show invitan al público a probar que se siente y, por su parte, Bruno potencia la humillación, diciendo que no le duele, que es un efecto sonoro –muy divertido.
El problema se produce cuando Nino se aburre de recibir las bofetadas y de que se rían de él. De hecho, para potenciar el show empieza a golpearlo con una mano más grande –artificial- hasta que la situación no da más y Nino decide separarse y empezar una carrera solo. Lo entretenido es que ni Bruno ni Nino logran mantener el éxito alcanzado y comienzan a competir ficticiamente. Intentan mostrar sus falsos éxitos, mediante diversas artimañas (Nino le paga a muchas mujeres para que bailen en su casa, coloca cintas de audio con sonidos sexuales, por ejemplo), para torturar a su, ahora adversario –y vecino. Avanzada la película, que no quiero contar entera, porque es de muy mal gusto que a uno le cuenten las películas, empieza una seguidilla de actos de venganza que se podrían denominar una escalada de violencia sin límites. Los personajes se odian cada vez más y solo piensan en hacerse daño.
Bueno, aunque no parezca, y eso es lo impresionante de Alex de la Iglesia, la película Muertos de Risa es una comedia que se basa en la explotación de la violencia como ridículo, como absurdo. Mientras más violentos los actos, mientras más crudos los maltratos, más risas emanan del espectador. Porque la violencia en su contexto puede causar risa, porque los personajes inventados por De la Iglesia de alguna forma existen en la cultura, en la sociedad, tal vez menos disfrazados que Nino y Bruno, menos ficticios de lo que parecen. Porque eso es lo que da risa en esta película y las otras de este español: los payasos repitiendo incansablemente un show de violencia, crueldad, ridículo y humillación… El fundamento de los mejores chistes.

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